jueves, 14 de febrero de 2013






UN APORTE AL ENTENDIMIENTO Y LA PRACTICA DE LA EDUCACION. DOS IDEAS CENTRALES: BIOLOGIA DEL AMOR, TRANSFORMACION EN LA CONVIVENCIA.


INTRODUCCIÓN
Este texto muestra el pensamiento del biólogo chileno Humberto Maturana en sus implicancias para la educación en general y la educación preescolar en particular. La comprensión de lo humano requiere la comprensión de la dinámica biológica que lo origina. Tenemos que entender los fundamentos biológicos del saber y el aprender para expandir nuestra comprensión de lo que ocurre en el proceso educativo y las consecuencias que tiene ese proceso para la vida humana.
EDUCACIÓN
Cuando hablamos de educación nos referimos a la transformación de nuestros niños en su convivencia con los educadores u otros adultos. Esto ocurre en un ámbito relacional que debe ser aceptado como legítimo y adecuado para que ellos surjan como adultos que llegarán, en el futuro, a repetir el mismo ciclo con sus hijos.
La educación (incluida la preescolar), es un proceso de transformación humana en la convivencia. Con esto queremos decir, que ocurre en todas las dimensiones relacionales del vivir del niño, tanto en los espacios privados de la familia o del jardín infantil, como en los espacios públicos de la calle y el barrio.
La educación es un proceso en el que tanto los niños como los educadores cambian juntos en forma congruente, en tanto permanecen en interacciones recurrentes. De modo que los niños aprenden a vivir en cualquier dominio de vida donde sus maestros los encaminen.
La educación es un proceso de transformación de vida que sigue un curso definido por la manera de vivir de los padres y educadores. En este proceso, el niño se transforma en un tipo de ser humano u otro según el tipo de experiencias vividas recurrentemente con sus padres y educadores.
En nuestra opinión, la tarea central de la educación es prestar atención, fomentar y guiar a los niños en su crecimiento como seres humanos responsables social y ecológicamente, conscientes de que se respetan a sí mismos y a los demás.
Los valores deben ser vividos en todo instante en el proceso educativo, y no ser enseñados como nociones abstractas. Los valores tienen que ver con el dominio de las emociones, no de la razón, y en particular con el dominio del amor, que es la emoción que hace posible la convivencia social.
COMUNIDAD
Hablamos de comunidad, pero ¿qué es una comunidad?. Podemos mirar una comunidad como una red de procesos, actos, encuentros, conductas, emociones, técnicas, que configuran un sistema de relaciones, un modo de convivir que penetra todos los aspectos del vivir de los niños.
Maturana señala que en el origen de la humanidad, y en las tempranas culturas, no había educación como una actividad especial en la vida de los niños que crecían dentro de la comunidad. Los niños aprendían todas las prácticas y dimensiones relacionales de su vida como miembros de la comunidad humana a la cual pertenecían, viviendo todas sus dimensiones en su vida diaria.
En nuestra cultura los niños viven separados de la comunidad a la cual se supone pertenecen, pasando la mayor parte de su tiempo en el jardín infantil o en un lugar especial para niños pequeños. Esto ocurre precisamente en el periodo de sus vidas en que debieran estar creciendo como seres humanos bien integrados, socialmente conscientes y ecológicamente alertas al participar en la vida de su comunidad. De ahí la importancia de considerar en la planificación diaria la participación de los niños en actividades que los hagan sentir parte de su comunidad, que la conozcan y la valoren.
La comunidad, con sus canchas, plazoletas, iglesias y consultorios, la televisión, la radio, configuran en su conjunto una red de conversaciones que define cotidianamente lo deseable y lo indeseable, lo hermoso y lo feo, lo aceptable y lo inaceptable, en el convivir de la comunidad a la que los niños pertenecen. De manera que los niños aprenden la trama emocional que se vive en la comunidad humana que les toca vivir simplemente al vivirla, cualquiera que ésta sea.
En nuestros contextos de trabajo observamos que muchas veces las propias familias no se sienten formando parte plenamente de una comunidad y tienen juicios de valor negativos respecto a ella, debido a los quiebres sociales que viven, como las drogas, delincuencia, riñas y violencia, etc.
Son frecuentes los casos en que las familias pueblan el barrio como parte de erradicaciones. Separados de sus familias de origen y de las redes de apoyo a ellas asociadas, dan origen a asentamientos humanos formados por grupos de diversas procedencias, con débiles lazos de cooperación y reciprocidad entre ellos, y por lo tanto, con escasas experiencias organizativas y asociativas para enfrentar problemas comunes.
La convivencia a que damos origen niños, padres y educadores en el espacio educacional de nuestra cultura y comunidad, depende del punto de vista que tengamos de lo que es o debiera ser la educación. Pero construimos nuestros puntos de vista influidos a su vez por la perspectiva que nuestra cultura tiene acerca del conocimiento, la vida, la existencia,...
Decimos que la educación tiene que ver con el alma, la mente, el espíritu, es decir, con el espacio relacional o psíquico que vivimos y que deseamos que vivan nuestros niños. Las cosas particulares que nuestros niños puedan hacer en la vía de su realización es asunto de conocimiento, aprendizaje y enseñanza. La educación tiene que ver con llegar a ser seres humanos.
Es tarea nuestra hacer uso de la enseñanza como un medio para educar al niño en la creación de los espacios de vida que lo llevarán a ser un ser humano responsable, socialmente consciente, que se respeta a sí mismo y a los demás.
LENGUAJE Y EMOCIONES: CONVERSACIONES
El lenguaje es un modo de vivir juntos en el flujo de las coordinaciones recurrentes de nuestras acciones.
Es nuestra vida en el lenguaje lo que nos hace humanos. Dado el tipo particular de primates bípedos que somos, el lenguaje nos hace humanos.
Hacemos cosas con nuestros cuerpos (incluyendo el sistema nervioso), y fluimos en el lenguaje en nuestras interacciones diarias. La estructura de nuestros cuerpos cambian según nuestro modo de fluir en el lenguaje (basta mirar la ampliación en el tamaño del cerebro que significó el uso del lenguaje en nuestros primeros antepasados). Nada de lo que hacemos en el lenguaje es irrelevante, porque nos transformamos en nuestros cuerpos según lo que hacemos en el lenguaje, y hacemos en nuestro lenguaje según lo que se transforma en nuestros cuerpos.
A medida que el niño aprende a usar el lenguaje, crea con otros diferentes modos de vida, dado los diferentes hechos en los que participa; y llega a ser en su cuerpo según el uso del lenguaje en el cual crece. Como resultado, cuando adulto, crea el mundo que vive como una expansión del mundo que creó cuando niño.
Los seres humanos existimos también en el flujo de nuestras emociones. Cuando distinguimos emociones en la vida diaria, distinguimos diferentes tipos de conductas relacionales, y al fluir de una emoción a otra, cambiamos de ciertas conductas a otras.
Cuando se distingue una emoción en un niño, vemos en ella una dinámica corporal (sistema nervioso incluido) que especifica lo que el niño puede o no puede hacer en cualquier momento.
Por ejemplo:
Amor: El amor es la emoción a través de la cual el otro aparece como un otro legítimo en coexistencia con uno.
Agresión: La agresión es la emoción a través de la cual el otro es negado directa o indirectamente como un legítimo otro en coexistencia con uno.
Indiferencia: La indiferencia es la emoción a través de la cual el otro no es visto como otro. En la indiferencia, el otro no tiene presencia, y lo que le sucede a él o ella está fuera del dominio de nuestras preocupaciones.
Los niños crecen como seres humanos entrelazando lenguaje y emociones en su vida cotidiana. Entendemos por conversaciones al entrelazamiento continuo entre emociones (dominios relacionales) y lenguaje (coordinaciones de conducta). Todo lo que los seres humanos hacemos como tales, lo hacemos en conversaciones.
En la conversación con el niño, el niño se revela en todas sus dimensiones, transparenta su mundo de intereses, sentimientos, necesidades, gustos, experiencias, y es a partir de estas conversaciones desde donde empezamos a construir un espacio de aprendizaje mutuo.
La emoción cambia el lenguaje, pero a medida que fluye el lenguaje, el lenguaje también puede cambiar la emoción.
Cómo vivimos o qué modo de vida realizamos, depende de nuestra emocionalidad, no de nuestra razón. La educación, en la medida que tiene que ver con la configuración del modo de vida del niño que crece, es una tarea que tiene que ver con el espacio psíquico emocional que el niño aprende a vivir en la casa, en el jardín infantil y en la escuela.
El modo de vivir que ahora vivimos está determinado por la emocionalidad, por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños, no por el conocimiento, o los tipos de argumentos racionales que podamos haber acumulado a lo largo de nuestra vida. Ver esto es crucial, lo central de la educación es la dinámica de llegar a ser humano, como personas responsables, socialmente conscientes y que se respetan a sí mismas.

Los niños llegan a ser según sean las conversaciones en las cuales participan. En el fluir de sus vidas no hay conversaciones triviales. En la medida en que los adultos entendamos esto podremos dar paso a interacciones basadas en el respeto y la colaboración. Cualquier niño que se sienta escuchado se dispone a la creatividad, aprende a escuchar, vive su seguridad consciente de sus límites y fortalezas.
Decimos que las culturas son redes de conversaciones, con esto queremos decir, redes de coordinaciones de haceres y emociones. Es la emocionalidad que se realiza en la red la que configura su carácter, no las conductas particulares realizadas por sus miembros.
Siempre vivimos en una cultura, somos miembros partícipes de una cultura. Conservamos nuestra cultura al hacer lo que hacemos a través de nuestra participación en la red de conversaciones que la constituye.
BIOLOGÍA DEL AMOR
En la interpretación de Maturana, los seres humanos somos seres biológicamente amorosos como un rasgo de nuestra historia evolutiva. El amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen hace unos tres millones de años atrás.
Los niños –también los adultos- se enferman cuando se les priva del amor como la emoción fundamental en la cual transcurre su existencia relacional con otros y con ellos mismos. La carencia afectiva produce niños con trastornos conductuales (ansiedad, agresividad, falta de interés, desmotivación, inseguridad, tristeza, etc.).
El lenguaje, como rasgo cultural, junto con la amorosidad, como rasgo biológico, constituyen el núcleo del modo de vida conservado generación tras generación, que nos definió como seres humanos en nuestra historia evolutiva hace tres o más millones de años.
La biología del amor es la dinámica relacional que origina la calidad de lo humano en la historia de nuestro linaje.
Cuando hablamos implicamos, evocamos o connotamos la biología del amor.
El amor es una emoción, es un modo de vivir juntos, un tipo de conductas relacionales en los sistemas humanos. El amor se produce cuando en nuestra vida e interacción con otros, el otro, no importa quién o qué sea, surge como otro legítimo en coexistencia con nosotros. El amor (el amar) es la emoción que constituye y conserva la vida social.
El amor es el fundamento que torna posible lo que deseamos hacer.
INTELIGENCIA
Mientras mayor sea la plasticidad estructural de un organismo, mayor es su capacidad de conducta inteligente en la interacción con otros, generando nuevos ámbitos de acción o expandiendo aquellos que ya existen.
La plasticidad estructural requerida para vivir en el lenguaje es tan enorme que todos los niños, todos los seres humanos, somos igualmente inteligentes o capaces de conducta inteligente. Es la enseñanza la que debe sintonizarse a las distintas maneras en que los niños viven su plasticidad estructural para aprender, conocer, expresar, convivir, etc. Esto significa respetar los ritmos y dinámicas en los que sucede el aprender en los niños, escuchando sus fortalezas, limitantes y potencialidades en cada caso.
Con todo, la conducta inteligente del niño puede tornarse restringida o expandida según el flujo emocional que emerge en su convivencia con sus educadores y sus padres. Así, el temor, la envidia, la rivalidad, restringen su conducta inteligente, porque estrechan el espacio de relaciones en el que el niño se mueve. Sólo el amor expande la inteligencia, al ensanchar el espacio de relaciones en el cual opera el niño, ampliando su ámbito de lo posible.
Los niños son seres que aprenden. Son seres que aprenden tanto en los dominios emocional como racional. Sin embargo, aprenden y aprenderán a vivir cualquier tipo de vida que les toque vivir. La emocionalidad que los niños viven en su niñez es conservada por ellos como fundamento del espacio psíquico que generarán como adultos. Su niñez es tanto su tesoro como su azote.
LA TAREA DE EDUCAR
Heredamos de nuestra formación académica teorías de la cognición que asocian el conocimiento con la transmisión de información y que ven la tarea de la educación como un mero almacenamiento de conocimientos. Esto es así por la sobrevaloración que lo racional ha tenido en la configuración de lo humano en nuestra cultura, que determina que la educación sea vista como una cuestión centrada en la adquisición de conocimientos.
El factor más importante en la educación somos los educadores y los soportes y colaboradores principales son nuestros niños. Para que educadores y niños colaboremos entre sí, los educadores tenemos que operar en relación con nuestros niños con autorrespeto y autoamor. No se puede dar de lo que no se tiene. El niño aprende más de lo que vive que de lo que se le dice.
El propósito de la educación es guiar a nuestros niños en el camino de llegar a ser seres humanos que se respetan a sí mismos y a otros mediante la generación continua de espacios de convivencia que originen colaboración, alegría y libertad responsable.
Si nuestro modo actual de vida nos preocupa porque lo encontramos insatisfactorio, la educación está en crisis porque refleja ese modo de vida.
Si el modo de vida que ahora vivimos ha brotado de nuestro actual modo de sentir, desear, actuar y argumentar, ¿queremos ese futuro al cual nos lleva esa manera de sentir, desear y razonar?
La educación, entendida como el proceso de llegar a ser un tipo particular de ser humano, tiene que ver con el crecimiento del niño como una persona capaz de ser un co-creador junto a otros de un espacio social deseable de convivencia humana.
Desde esta mirada, la tarea de la educación consiste en la creación, con los niños, de los espacios relacionales:
a) Que les guíen y presten apoyo en su crecimiento como seres capaces de vivir respetándose a sí mismos y a los otros.
b) Que les guíen en su crecimiento como seres humanos que pueden decir ‘sí’ y ‘no’ basándose en la autonomía e integridad de su respeto por sí mismos.
c) Que les guíen en su crecimiento como seres humanos cuya individualidad se fundamenta en su respeto y aceptación de sí, y no en su oposición respecto a otros y que, por lo tanto, pueden cooperar porque no temen desaparecer en su relación con otros.
El aspecto de la educación que se refiere al aprendizaje de las habilidades operacionales propias del momento histórico en que viven los niños tiene que ver con la adquisición de estas habilidades operacionales como una serie de recursos o instrumentos que los niños tendrán a su disposición para llevar a cabo lo que requieran en el transcurso de su vivir.
Desde esta mirada la enseñanza consiste en:
a) Construir un espacio relacional en el cual las habilidades y capacidades que se desea que los niños aprendan, puedan ser realizadas como un espacio de convivencia con sus educadores.
b) Construir tal espacio permitiendo la apertura a la expansión de sus capacidades para actuar y la reflexionar sobre lo que se hace, desde la vida que los niños viven y desean vivir en ese momento.
La tarea central de la educación es la creación del espacio relacional en el que los niños pasan a ser seres humanos responsables, socialmente conscientes, que se respetan a sí mismos.
La enseñanza de habilidades operacionales es un instrumento para llevar a cabo la tarea central de la educación: guiar a los niños en su crecimiento como seres humanos.
Para que los niños sean adecuadamente acogidos y guiados es fundamental que los educadores recuperemos nuestra dignidad, recuperando el respeto por nosotros mismos y por nuestra profesión. Amarnos a sí mismos como seres autónomos y responsables a través de entender mejor nuestra condición humana.
Al cambiar los educadores su relación consigo mismos, cambia su relación con los niños y sus colegas, y los niños pasan a ser los mejores colaboradores en la tarea educativa.
Insistimos, los niños se transforman en la convivencia según el convivir que ellos viven con nosotros los adultos.
Los niños aprenden el vivir que conviven con su maestro, aprenden el pensar, el reaccionar, el mirar, que viven con él.
Los niños aprenden el espacio psíquico de sus educadores. Los temas y contenidos son sólo modos particulares de vivir en esa convivencia. Instrumentos a través de los cuales el niño se va a transformar en adulto socialmente integrado, con confianza en sí mismo, con capacidad de colaborar y con capacidad de aprender cualquier cosa, sin perder su conciencia ética.
CONCLUSIONES
¿Por qué lo más importante es la educación?
Educar es especificar el tipo de seres humanos que los niños llegarán a ser.
El jardín infantil, junto a la escuela, la familia, la iglesia y el barrio, son verdaderos ‘cultivos’ de seres humanos. No nacemos humanos, nos hacemos humanos en la interacción con otros seres humanos. La educación es una transformación en la convivencia, en la que uno no aprende una temática sino que aprende un vivir y un convivir. Aprende una forma de ser humano. Se es humano, no desde la genética sino desde la convivencia.
La educación tiene que ver con la formación de niños co-constructores de una convivencia basada en la colaboración y el respeto mutuo, participando de proyectos comunes que tienen que ver con el bienestar de la comunidad a la cual pertenecen.
Se puede crecer de una manera o de otra según el espacio de convivencia en que se viva. Esto es visible en la tremenda diversidad de formas humanas que se pueden adoptar.
Por esto la educación es el aspecto más fundamental de la convivencia humana.
De cómo convivan los niños dependerá la clase de adulto que llegarán a ser.
Los niños no son el futuro. Los adultos somos el futuro de nuestros niños. El futuro está en el presente.
Lo medular en la preparación del niño pequeño es el desarrollo de la aceptación de sí mismo, que es el mejor predictor del buen vivir y del buen convivir de los seres humanos. Sólo desde el estar centrado en la aceptación de sí mismo es posible lograr la autonomía y la capacidad de innovar que los nuevos tiempos requieren.
La autonomía no implica la negación del otro. En la convivencia no se es independiente, se es autónomo. En el respeto por sí mismo puedes opinar y discrepar, sin que la discrepancia sea una ofensa, sino más bien una oportunidad reflexiva.



jueves, 22 de noviembre de 2012

PLANOLANDIA

 
 
Lo que Planolandia presenta es simplemente la relatividad de la realidad.La historia de la humanidad enseña que apenas hay otra idea mas asesina y despótica que el delirio de una realidad “real” (entendiendo, naturalmente, por tal, la de nuestra propia opinión) con todas las consecuencias que se derivan de este delirante punto de partida.

 
  Hay un pequeño libro, escrito hace ya casi un siglo, del que es autor el entonces director de la city of London School, Reverendo Edwin A. Abbot. Aunque compuso más de cuarenta obras, todas ellas relacionadas con los temas de su especialidad, es decir, la literatura clásica y la religión, esta obrita, al parecer insignificante, titulada Flatland. A romance in many dimensions (1) (Planolandia. Historia fantástica en varias dimensiones), es por decirlo con la lapidaria observación de Newman (117), su única protección contra el olvido total.
  No puede negarse que Planolandia está escrito en un estilo más bien llano; pero aun así, se trata  de un libro muy singular. Singular no sólo porque  anticipa ciertos conocimientos de la moderna física teórica, sino sobre todo por su aguda intuición psicológica, que ni siquiera su prolijo estilo victoriano consigue apagar. Y no parece exagerado desear que esta obra (o una versión modernizada de la misma) se convirtiera en libro de lectura obligatoria para la enseñanza media. El lector comprenderá pronto  por que razón.
Planolandia  es una narración puesta en boca del habitante de un mundo bidimensional, es decir, de una realidad que sólo tiene longitud y anchura, pero no altura. Es un mundo plano, como la superficie de una hoja de papel, habitado por líneas,  triángulos, cuadrados, círculos, etc.
  Sus moradores pueden moverse libremente sobre (o, por mejor decir, en) esta superficie, pero, al igual que las sombras, ni pueden ascender por encima ni descender por debajo de ella. No hace falta decir que ellos ignoran esta limitación, por que la idea de una tercera dimensión le resulta inimaginable.
  El narrador de nuestra historia vive una experiencia totalmente conturbadora, precedida de un sueño singular. En este sueño, se ve trasladado de pronto a un mundo unidimensional, cuyos habitantes son puntos o rayas. Todo ellos se mueven hacia delante o hacia atrás, pero siempre sobre una misma línea, a la que llaman su mundo.
A los habitantes de Linelandia les resulta totalmente inconcebible la idea de moverse también a la derecha y la izquierda, además de hacia delante o  hacia atrás. En vano intenta nuestro narrador, en su sueño, explicar a la raya mas larga de Linelandia (su monarca) la realidad de Planolandia- El rey le toma por loco y ante tan obtusa tozudez nuestro héroe acaba por perder la paciencia.
¿Para qué malgastar más palabras? Sábete que yo soy el complemento de tu incompleto yo?  Tú eres una línea, yo soy una línea de líneas, llamada cuadrado en mi país. Y aún yo mismo, aunque infinitamente superior a ti, valgo poco comparado con los grandes nobles de Planolandia, de donde he venido con la esperanza de iluminar tu ignorancia.
Ante tan delirantes afirmaciones, el rey y todos sus súbditos, puntos y rayas, se arrojan sobre el cuadrado a quien, en este preciso instante, devuelve a la realidad de Planolandia, el sonido de la campana que llama al desayuno.
 

Pero aquel día le tenía aún reservada otra molesta experiencia. El cuadrado enseña a su nieto, un hexágono, los fundamentos de la aritmética y su aplicación a la geometría. Le enseña que el número de centímetros cuadrados de un cuadrado se obtiene sencillamente elevando a la segunda potencia el número de centímetros de uno de los lados.
  El pequeño hexágono reflexionó durante un largo momento y después dijo: “también me has enseñado a elevar números a la tercera potencia. Supongo que 3 al cubo debe tener algún sentido geométrico, ¿cuál es? “nada, absolutamente nada”, repliqué,”al menos en la geometría, porque la geometría tiene sólo dos dimensiones”. Y luego enseñé al muchacho como un punto que se desplaza tres centímetros, genera una línea de de tres centímetros, lo que se puede expresar con el número 3, y si una línea de 3 cm se desplaza paralelamente, genera un cuadrado de 3 cm, lo que se expresa aritméticamente como 3 al cuadrado.
Pero mi nieto volvió a la anterior objeción, pues me interrumpió exclamando: “pero si un punto, al desplazarse tres cm genera una lìnea de 3 cm, que se representa por el numero 3, y si una recta, el desplazarse 3 cm paralelamente a sí misma, genera un cuadrado de 3 al cuadrado, entonces un cuadrado de 3 cm de lado que se mueve de alguna manera que no alcanzo a comprender, generará algo (aunque no puedo imaginarme qué) y que tendrá como resultado 3 al cubo” ¡Vete a la cama! le dije, algo molesto por su interrupción: “tendrías mas sentido común si no dijera cosas tan insensatas”.
 
 Y así, el cuadrado, sin haber aprendido la lección de su precedente sueño, incurre en el mismo error del que había querido sacar al rey de Linelandia. Pero durante toda la noche le sigue rondando en la cabeza la charlatanería de su nieto y al fin exclama en voz alta: “Este chico es un alcornoque, lo aseguro, 3 al cubo no tiene ninguna correspondencia en geometría”. Pero de pronto oye una voz que le dice “el chico no tiene nada de alcornoque, y es evidente que 3 al cubo tiene una correspondencia geométrica”. Es la voz de un extraño ser que afirma venir de Espaciolandia, de un mundo inimaginable, en el que las cosas tienen tres dimensiones. Y al igual que el cuadrado en su sueño anterior, el visitante de esfuerza por hacerle comprender la realidad tridimensional y la limitación de Planolandia comparada con la realidad. Del mismo modo que el cuadrado se definió como una línea compuesta de muchas líneas, también el visitante se define como un círculo de círculos, que en su país de origen se llama esfera.
Pero, naturalmente, el cuadrado no puede comprenderlo, porque ve a su visitante como un círculo, aunque dotado de muy extrañas e inexplicables cualidades, aumenta y disminuye, se reduce a veces y hasta desaparece del todo.
Con extrema paciencia, la esfera le va explicando que esto no tiene nada de singular para él: es un número infinito de círculos, cuyo diámetro aumenta desde un punto a 13 cm, colocados uno encima del otro para componer un todo. Si, por tanto se desplaza a través de la realidad de Planolandia, al principio es invisible para un habitante de este país, luego, apenas toca la superficie, aparece como un punto y al fin se transforma en un círculo de diámetro en constante aumento para, a continuación, ir disminuyendo al alejarse y desaparecer por completo (el lector comprenderá mucho mejor si se ayuda con un gráfico de esta explicación).
 
 Esto explica también el sorprendente hecho de que la esfera pueda entrar en la casa del cuadrado, aunque éste haya cerrado a ciencia y conciencia las puertas. Entra, naturalmente, por arriba. Pero el concepto de “arriba” le resulta tan extraño al cuadrado que no lo puede comprender, y en consecuencia, se niega a creerlo.Al fin, la esfera no tiene otra solución que tomar consigo al cuadrado y llevarlo a Espaciolandia. Vive así una experiencia que hoy clasificaría de trascendental.
  Un espanto indecible se apoderó de mí. Todo era oscuridad, luego, una vista terrible y mareante que nada tiene con el ver; vi una línea que no era línea, un espacio que no lo era, yo era yo, pero tampoco era yo. Cuando pude recuperar el habla, grité con mortal angustia: “Esto es la locura o el infierno”. “No es lo uno ni lo otro”, me respondió con tranquila voz la esfera, “es saber, hay tres dimensiones, abre otra vez los ojos e intenta ver sosegadamente”
  A partir de ese instante místico, los acontecimientos toman un rumbo tragicómico. Ebrio por la formidable experiencia de hacer penetrado en una realidad totalmente nueva, el cuadrado desea explorar los misterios de mundos cada vez mas elevados, de mundos de cuatro, cinco y seis dimensiones. Pero la esfera no quiere ni oír de semejantes dislates: “no existe tal país, ya la mera idea es totalmente impensable”. Pero como el cuadrado no ceja en sus deseos, la esfera, encolerizada, lo devuelve a los estrechos límites de Planolandia.
 
En ese punto la moraleja de la historia cobra perfiles sumamente realistas. El cuadrado se siente llamado a la gloriosa y acuciante tarea de predicar en Planolandia el evangelio de las tres dimensiones. Pero cada vez le resulta mas difícil despertar en sí el recuerdo de aquella realidad tridimensional que al principio le pareciera tan clara e inolvidable, además fue muy pronto encarcelado por el equivalente de la inquisición en Planolandia. Pero en vez de acabar sus días en la hoguera, es condenado a cadena perpetua y encerrado en una cárcel que Abbot describe, con admirable intuición, como fiel contrapartida de ciertos establecimientos psiquiátricos de nuestros días.
  Una vez al año, le visita en su celda el Círculo Mayor, es decir el Sumo Sacerdote para averiguar si mejora de su salud mental. Y cada año, el pobre cuadrado no puede resistir al tentación de lograr convencer al Círculo Supremo de que existe realmente una tercera dimensión. Pero el sacerdote menea la cabeza y desaparece hasta el año siguiente.
 
 
 
Lo que Planolandia presenta es simplemente la relatividad de la realidad. Y por esta razón sería deseable que los jóvenes hicieran de esta obra una lectura obligada. La historia de la humanidad enseña que apenas hay otra idea mas asesina y despótica que el delirio de una realidad “real” (entendiendo, naturalmente, por tal, la de nuestra propia opinión) con todas las consecuencias que se derivan de este delirante punto de partida. La capacidad de vivir con verdades relativas, con preguntas para las que no hay respuestas,  con la sabiduría de no saber nada, o con la paradójica incertidumbre de la existencia, puede ser la esencia de la madurez humana y de la consiguiente tolerancia frente a los demás.
  Donde esta capacidad falta, nos entregaremos de nuevo, sin saberlo, al mundo del inquisidor general  y viviremos la vida de rebaños, oscura e irresponsable, sólo de vez en cuando aquejada por la respiración acre de la hoguera de algún magnífico auto de fe, o por el de las chimeneas de los hornos crematorios de algún campo de exterminio.

 
 
 

miércoles, 17 de octubre de 2012

INTRODUCCION




Leí de un gran físico al hablar de la relación entre ciencia y espiritualidad:


        Si uno cambia la forma de VER las cosas, las cosas que uno VE cambian



Y esta afirmación demostrable desde el punto científico, es la base de una fuerza espiritual inconmensurable e indescriptible que enlaza el cosmos entero: es la necesidad de una nueva conciencia, pero para ello debemos estar especialmente preparados para limpiar nuestra mirada de los efectos paralizantes de vivir en niveles primarios de conciencia. Esta nueva conciencia nos enfrenta con nosotros mismos, pues a partir de reconocernos como seres humanos y aceptarnos en legítima convivencia con otros seres humanos, podemos tener conciencia de una realidad que nos interpela, de rostros con nombres y apellidos que demandan derechos, que necesitan respuestas y que hoy son invisibles a nuestra mirada.

La Historia está hecha por los historiadores y ningún acontecimiento se convierte en acontecimiento histórico a menos que un historiador lo declare como tal. El famoso historiador inglés E.H. Carr escribió en su ensayo «¿Qué es la Historia?»: «Se solía decir que los hechos hablan por sí mismos, lo que por cierto es falso. Los hechos sólo hablan cuando el historiador los hace presentes: es él quien decide a cuáles va a darles tribuna, y en qué orden y contexto.» Citando una declaración de Vilhelm Moberg respecto a Suecia, podemos decir que la Historia se refiere «sólo a un grupo de individuos: aquellos que toman las decisiones y que, a nombre del pueblo, deciden las condiciones bajo las cuales éste tiene que vivir». En nuestras lecturas de Historia faltaron aquellos «que sembraron y cosecharon los campos, derribaron bosques, abrieron caminos, construyeron palacios, castillos, fortalezas, ciudades y casas. De todos los que pagaron impuestos, mantuvieron a clérigos, ediles y funcionarios sólo hemos tenido visiones fugaces, aquí y allá. De todos aquellos ejércitos caídos por la Patria nos faltan los soldados rasos, sus esposas que los esperaban en el hogar, toda la clase de los servidores, hombres y mujeres... los vagabundos desposeídos, los 'indefensos' que no tenían ni tierra ni hogar». Esta gente que integra las filas de aquellos «invisibles» a los ojos de la Historia es, paradojalmente, la misma gente que ha hecho posible la Historia «visible».

La economía es diseñada por los economistas. Ningún acontecimiento se convierte en acontecimiento económico a menos que calce con ciertas reglas establecidas por el economista. No habría nada de malo en ello si la importancia dada a la ciencia económica correspondiera realmente a su capacidad de interpretar y resolver los problemas que afectan a la Humanidad. . Este no es el caso. Sus grandes abstracciones, tales como el P.N.B. (Producto Nacional Bruto), sistemas de precios, tasas de crecimiento, razón capital producto, movilidad de factores, acumulación de capital y otras, aunque reconocidas como importantes, son selectivas y discriminatorias cuando se refieren a la masa de los seres humanos. En realidad, el análisis económico sólo cubre a aquellos cuyas acciones y comportamiento están ajustados a lo que sus cuantificadores (tales como los mencionados) pueden medir. Tomando como ejemplo el P.N.B. lo que pueden medir son actividades que se generan a través del mercado, sin considerar si dichas actividades son productivas, improductivas o destructivas. El resultado de estas limitaciones es que las teorías económicas dominantes no asignan valor a las tareas realizadas a nivel doméstico o de subsistencia. En otras palabras, estas teorías son incapaces de incluir a los sectores más pobres del mundo o a la mayoría de las mujeres. Esto significa que casi la mitad de la población mundial —y más de la mitad de los habitantes del Tercer Mundo— resultan ser, en términos económicos, estadísticamente «invisibles». Los sectores «invisibles» para la Historia son prácticamente los mismos que resultan «invisibles» para la Economía. Estos «invisibles» son de la mayor importancia y el hecho de que hayan permanecido como tales por tanto tiempo no es casual.

Esta realidad, que existe en América desde hace algo mas de 500 años, crea un orden natural enemigo de la naturaleza y una sociedad humana que llama “humanidad” a sólo una quinta parte de la humanidad.

En 1992, bajo la influencia de Juan Pablo II, los obispos de Guatemala han pedido perdón al pueblo maya y han rendido homenaje a la religión indígena que veía en la naturaleza una manifestación de Dios. Los indios fueron condenados por ser indios, o lo que es mas grave aún, por seguir siéndolo. Ofenden a Dios y a la civilización, porque el capitalismo proviene la identificación de la propiedad privada con la libertad. De Carlos V a la avanzada digital: cinco siglos después, el planeta es tierra arrasada. El l color de la piel no había tenido la menor importancia hasta el Renacimiento, fue éste el que fundó el Racismo, y aún hoy el mundo no puede curarse de esa enfermedad: horror a la diversidad, negación de la realidad, si el destino está en los genes, la riqueza de los ricos no es resultado del crimen y saqueo, y la pobreza de los pobres no es un resultado de la historia, sino una maldición de la biología.

Pocos propietarios, muchos poseídos, pocos consumidores, muchos consumidos, pocos desarrollados, muchos arrollados.

Tiempo del miedo: graves agujeros en la capa de ozono y mas graves agujeros en el alma. Nos han acostumbrado a olvidar lo que merece memoria y a recordar lo que merece olvido, pero es necesario tener la certeza que el mundo no es “este” mundo, mutilada plenitud, humillada dignidad, ni la coartada de un mundo que jamas dice lo que hace ni dice lo que hace. El orden internacional que predica la justicia, se funda en la injusticia y de ella depende. No es casual que la industria del miedo ofrece los negocios mas lucrativos del mundo actual: la venta de armas y el tráfico de drogas. Las armas, productos del miedo de morir, y las drogas, productos del miedo para vivir.

A todo esto debemos agregar un tema que causa, a partir de los años 90, una gran debilidad en nuestra sociedad: la ilusión de felicidad depositada en lo mas efímero que tiene el ser humano: su cuerpo. El cuidado físico exacerbado en las mujeres, y actualmente también en los hombres, dan cuenta de una sociedad exitista que nos rodea y nos presiona: los shoppings centers, los celulares, los mega gimnasios, las 4 x 4, las camas solares, las cirugías plásticas. Mujeres monstruosas caminando por la vía pública, madres que tratan de parecerse cada vez mas a sus hijas, grandes carteles de publicidad agrediendo nuestras mentes, atentando contra nuestra libertad y nuestro bienestar físico y psicológico. Estos sistemas de debilitación social son muy económicos, se presiona y somete a unos pocos para que la televisión y la publicidad lleven las imágenes a millones. La obsesión por el físico perfecto trae aparejado daños físicos y psicológicos masivos constituyen, en su conjunto, nuevas formas de totalitarismo y represión. Bajo las reglas impuestas por este negocio no sólo son sometidos aquellos que tienen la dicha de entrar, sino también que no pueden ingresar al mismo: los que cumplen con los requisitos serán fatalmente sometidos a actividades incesantes, sobreexposición de imágens y vida privada, alimentación deficiente, competencia enfermiza, transformación antinatural del cuerpo y los que no cumplen sufrirán sin ninguna duda, marginación, frustración, baja autoestima y la culpa de no ser lo que el sistema demanda.

Este BLOG y las actividades que puedan derivar del mismo es una mas entre tantas. No pretende abrir nuevos horizontes, tampoco ser un faro que ilumine el saber de todos aquellos que accedan a la misma. Educar nuestra mirada, tanto hacia afuera como hacia adentro de nosotros mismos, supera la superficialidad, el egoísmo, la prisa de lo que estamos afectado por “cataratas culturales” que nublan nuestro percepción de la belleza tanto como de la dignidad de la persona y su tarea única e insustituible. Por ello definimos el Amar como la emoción fundamental del ser humano. Descubrir la legítima presencia del otro y de su vivir sólo puede darse a partir del amor y del lenguaje. Y en ese fluir de coordinaciones de haceres, sentires, emociones, es cuando se manifiesta la Transformación en la convivencia, llamar la atención a las cosas pequeñas, no ser meros espectadores de la realidad, tratar de ponernos frente al necesitado y poder crecer con él. Queremos experimentar mas allá de los planteamientos teóricos por mas hermosos que estos sean, penetrar en la realidad innegable y maravillosa que se oculta bajo una óptica superficial.

José Luis Capanna